Los Antonios por Roberto Ramírez Rodríguez


Los Antonios por Roberto Ramírez Rodríguez

Hace muchos años, cuando en el sureste de México no había carreteras, ni estufas, ni refrigeradores, el nombre de Antonio era cosa común.
En cada escuela había muchos alumnos con ese nombre. Nosotros, que apenas éramos unos niños, les llamábamos cariñosamente: Toto o Toño. Recuerdo que uno de ellos, el más presumido de la clase, se hacía llamar Tony por su ascendencia italiana; sin embargo, pasados los años, sigue siendo Toño para sus amigos.
Los pueblos crecieron. Cuando llegó la carretera, desaparecieron los fogones de las cocinas y se instalaron las estufas, en los siguientes cursos escolares ya no había tantos Antonios.
Al paso del tiempo, entraron a los hogares la televisión y el Internet. Se plantó la globalización en el mundo. Decayó el correo y el telégrafo. En la universidad, el nombre de Antonio dejó de ser una cosa común, sólo había un Antonio en el salón de clases que le decían César, porque se parecía mucho a César Costa, el cantante juvenil.
Las poblaciones siguieron creciendo. Vino la oleada de penetración de costumbres americanas, el desvanecimiento de nuestras tradiciones y el nombre de Antonio se permutó por el mismo nombre, en otros idiomas; hoy día, en los bautizos vemos a niños recibir el nombre de Antoni, en catalán. Tonet, Antonet o Antón, en francés; y Togno, en italiano. En México, destacó un famoso charro cantor con el nombre de Tony, en italiano.
El nombre de Antonio es originario de un gentilicio romano: Antonius. Su significado: Aquel que es digno de alabanza o estima.
Muchos años de mi vida he recordado a cuatro Antonios célebres, dignos de elogios, reconocimientos y afectos. Los cuatro son españoles. Todos, han permanecido estrechamente atados a mi vida profesional, cultural y familiar. Sus nombres, están
grabados en piedra; ellos son: Antonio Gaudí, Antonio Machado, Antonio Benaiges Noguez  y Antonio Rodríguez González.
Antonio Gaudí, arquitecto modernista español, siempre ha estado inmerso en las aulas universitarias de México y del mundo. Su propio espíritu religioso fue capaz de fundir en su obra inacabada de la Sagrada Familia, espiritualidad y materia; después de pensarla, proyectarla y construirla, la subió al cielo. Esta expresión artística no cabía en la tierra y se elevó a las grandes alturas.
Antonio Machado, poeta español, ha sido ejemplo de la juventud del mundo. Al estallar la guerra civil en 1936 dio conferencias a favor de la República. A principios de 1939 se refugió en Francia, donde murió poco tiempo después de haber cruzado la frontera. Su obra literaria refleja la preocupación que tuvieron los intelectuales de su tiempo por la decadencia cultural y política de España.
Su poesía, sorprende por su sencillez. En los últimos días de su vida y en los peores momentos de su exilio, escribió su último verso, encontrado en uno de sus bolsillos: “Estos días azules y este sol de la infancia”.
Desde niño he escuchado el nombre de Antonio Benaiges Nogués, profesor español de la Técnica Freinet, en España. Se decía que lo habían matado en la guerra porque era maestro y consiguió que los niños de Bañuelos de Bureba acudieran a la escuela en vez de ir a pastar ganado o al campo, como querían sus padres. Sin embargo, no se decía ni quien lo mató ni exactamente por qué: era el silencio, como un pacto, que se da en las violentas dictaduras, en este caso, la franquista.
La vida, obra y muerte, de Antonio Benaiges se ha convertido en una leyenda.
Un día, dijeron las informaciones violatorias del pacto del silencio, lo sacaron de su escuela y lo mataron en la puerta. Otros cuentan que Antonio fue a Burgos y, al paso por Briviesca, lo apresaron y asesinaron. Se supone que Antonio estaba esperando el final de la cosecha para llevar a todos los niños de la escuela a una finca familiar con el único fin de que vieran el mar. El denominador común de las informaciones fue que los falangistas lo mataron.
Benaiges fue asesinado el 29 de julio de 1936 y sus restos aun descansan en una fosa común de los Montes de Oca, en la provincia de Burgos.
En aquella época de la dictadura, utilizando el seudónimo de Paco Itri, el entonces joven profesor español Patricio Redondo, promotor de la Técnica Freinet, publicó un emocionante y valiente artículo en Francia, dando cuenta del asesinato de Antonio Beniges. Patricio se exilió en México y fundó la escuela Experimental Freinet en San Andrés Tuxtla, Veracruz. México.

Otro español de mis afectos, es Antonio Mariano Rodríguez González, mi abuelo. Un día, la crisis económica de España, lo obligó a salir de los Llanos de Aridane, en España, su tierra; llegó a México, se internó en Catemaco y ahí vivió hasta su muerte. Anteponía a todo el amor por la tierra cultivable.
Cuatro Antonios y un Patricio.

 

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